Salir a correr se ha convertido en una de las actividades deportivas favoritas en los últimos años. El running ofrece beneficios para la salud cardiovascular, mental y físico, pero su típico patrón repetitivo también lo convierte en un terreno fértil para lesiones crónicas. Correr implica ejecutar miles de pasos con un gesto casi idéntico: una apuesta por la disciplina, sí, pero también un riesgo silencioso para nuestras articulaciones y tejidos.
En este artículo, hablamos sobre las cuatro lesiones más habituales en corredores (fascitis plantar, tendinopatía aquilea, síndrome femoropatelar y banda iliotibial) y explicaremos cómo una evaluación biomecánica y un tratamiento oportuno pueden marcar la diferencia entre una lesión crónica y una pronta recuperación.