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Artrosis de cadera

¿Qué es?

La artrosis de cadera se define como la pérdida del cartílago en la articulación de la cadera, bien por envejecimiento o bien por rozamiento cuando su superficie se hace irregular por golpes, infecciones, etc. El hueso que antes se recubría del cartílago comienza a sufrir cambios, espesándose y produciendo salientes llamados osteofitos.

Es la segunda localización con más frecuencia de la artrosis tras la rodilla.

Aunque aproximadamente en la mitad de los casos la causa primaria, es decir, no se encuentra una causa concreta, hay factores de riesgo que predisponen a dicha patología y son:

  • La edad.
  • La obesidad.
  • La artrosis generalizada.
  • Los deportes de contacto, ya que su práctica durante años puede, en algunos casos, sobrecargar la articulación llevándola a la artrosis.
  • Los trabajos que requieren uso de la fuerza física.

La otra mitad es secundaria a otros procesos:

  • Trastornos del desarrollo fetal como la displasia de cadera, que puede llevar a la luxación congénita de cadera.
  • Trastornos del crecimiento, como la enfermedad de Perthes o la epifisiolisis.
  • Fracturas articulares con fragmentos que no quedan en buena posición.
  • Enfermedades reumáticas.
  • Infecciones articulares.
  • Flujo de sangre insuficiente a la cabeza femoral o necrosis avascular.
  • Dismetría.

Sintomatología

El principal síntoma es el dolor en el pliegue de la ingle, en la zona glútea y, a veces, exclusivamente en la cara interna de la cadera. Es un dolor de tipo mecánico, es decir, que aumenta cuando comienza a moverse o caminar y cede con el reposo. Cuando éste evoluciona pueden notarse chasquidos al mover la articulación.

Pruebas y exámenes

Para el diagnóstico de la artrosis de cadera será fundamental el uso de la radiografía con el fin de visualizar el espacio articular de la cadera y su estado. También serán de gran utilidad el TAC y la resonancia magnética útiles para visualizar posible necrosis avascular en la cabeza del fémur.

Tratamiento

En las primeras fases el tratamiento se basará en terapia farmacológica (analgésicos y AINEs) y rehabilitación específica. Las infiltraciones de plasma rico en plaquetas (PRP) en fases leves de la enfermedad han dado buenos resultados ya que favorece la regeneración y reducen la inflamación local aumentando la tolerancia al movimiento.

Cuando el dolor no se puede controlar o la limitación invalida al paciente el tratamiento indicado es la cirugía.

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